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Jaime commented on Lima 2035

Continuando con mi comentario anterior, que pretende sentar mis bases para este, lo primero que se debe hacer, si queremos mejorar Lima, como ya lo decía antes, es mejorar el Perú. Si se desarrolla y fortalece el interior del país, las migraciones exageradas a las grandes ciudades de la costa, sobre todo a Lima, disminuirían sustancialmente. Debemos crear empleo y crecimiento en el interior. Repotenciar grandes ciudades andinas y selváticas como Cajamarca, Cusco, Juliaca, Ayacucho, Iquitos, Pucallpa y Madre de Dios, y salvar a otras del olvido, como Chachapoyas, Tarapoto, Tambopata, Pasco, Junín, Puno, etc. Lima tiene espacio para crecer, sí. Todavía le queda algo. Pero no a la velocidad a la que nos empujan las migraciones. Menos aun cuando no existe el proyecto de Lima como tal. Ninguna ciudad del país lo tiene. Todas crecen al garete. Pero impacta y sorprende más que la capital sea una de ellas siendo la que más necesita de ese planeamiento. Han existido pocos planes para Lima, como el PLAM2035 y el que le antecedió. Pero no son planes que constituyan un PROYECTO LIMA sino más bien parecen ser soluciones "curita". De parchar y seguir. Plantean pequeños proyectos de contención disgregados por toda la ciudad y sin conexión o comunicación entre sí que buscan fórmulas paliativas de lidiar con ciertos pedidos populares que no siempre reflejan sus verdaderas necesidades. Como un enfermo, que sabe qué le duele y cómo se siente, y que quiere sentirse mejor, y pide aspirina y paracetamol, pero no sabe si eso es lo que realmente necesita. Así como sólo su médico puede saberlo, sólo un urbanista o un grupo de urbanistas calificados podrían abordar y crear un verdadero Proyecto Lima. Y para eso tenemos que estar de acuerdo. No puede ser que hayan tantos distritos con sus propios alcaldes y que estos no estén subordinados al Alcalde de Lima Metropolitana. De ese modo no se puede pensar Lima como un todo, sino como una unión de partes muchas veces discordantes. Por otro lado, que el Callao sea una provincia constitucional es algo que sirvió en su época, pero hoy es obsoleto. Más bien representa un obstáculo para la integración de la metrópolis. Tanta división administrativa lo que hace es creando más puntos de corrupción potencial y mientras más sean esos puntos, más difíciles de controlar y de detectar. Lima debe integrarse en una sola con el Callao. Eso es primordial. ¿Cómo empezamos a hablar de cambios físicos y estéticos, si el mayor problema está en su constitución, en su organización institucional y en su administración, de donde justamente van a salir esos cambios? Lima debe unirse al callao y los 51 distritos que la conforman deben someterse a ella en al menos un 60% de sus ordenanzas y no sólo cuando corresponda a vías metropolitanas. La ciudad es más que vías. Se tiene que hacer una revisión y un cambio en los deberes, derechos y libertades que tienen los distritos respecto de Lima Metropolitana. No puede un distrito obstaculizar un plan metropolitano, por ejemplo. Por otro lado, si queremos una mejor Lima, se tiene que hablar de la redistribución de la riqueza fiscal. No pueden seguir habiendo distritos privilegiados con hermosos parques y plazas, y calles anchas bien equipadas y otros que carecen de los más esenciales servicios para la vida cotidiana. Tiene que haber una mayor homogeneidad. Entonces nos damos cuenta, que mejorar Lima no sólo es poner esto y sacar aquello, hay un proyecto país en el medio y un proyecto ciudad. Y eso es política. ¿Pero cómo nos ponemos de acuerdo cuando los políticos usan la política para llegar al poder y llenarse los bolsillos y no para buscar un bien común? Necesitamos mejores y más fuertes políticas de Estado, acuerdos nacionales. Converger en un diálogo que nos guíe en el "hacia dónde queremos ir como país" y en el caso de Lima, "como ciudad". Y eso tiene que estar escrito y ser difícilmente modificable, como la Constitución Nacional. Y debe hacerse respetar a carta cabal. Porque si no tenemos proyecto, ¿quiénes somos?, ¿adonde vamos? Por eso me parece grandioso este espacio, porque ese proyecto, debe partir de un consenso. No puede ser una imposición, como las que algunos alcaldes han tenido a mal someternos, con sus caprichos de obras populistas que buscan votos y que no sirven para nada. El proyecto debe tener bases democráticas y participativas de todos los ciudadanos residentes. No se trata de proyectar utopías que luego no funcionen en la práctica,sino de adaptarlo a la vida real y cotidiana de la gente y contribuir a su mejora. Por eso, el inicio, el origen, el primer paso, debe ser político

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Jaime commented on Lima 2035

Muy buena iniciativa. Gracias por este espacio de diálogo.
Primero que nada, para poder hablar de Lima, hay que necesariamente hablar del Perú y de la migración. Lima alberga casi el 30% de la población total del Perú gracias a ese fenómeno. Incluso la diferencia con las otras ciudades que le siguen en importancia y población es de 8-9 veces.
Y aunque Lima tenga una gran extensión territorial, su área funcionalmente urbanizable es del 40% por estar rodeada y penetrada por sistemas montañosos y quebradas en toda su extensión oriental y atravesada por decenas de pasos de aluviones (huaicos) que traen toda la carga de las furiosas lluvias de la sierra, hacia el océano. No sólo eso, sino que toda la costa peruana es sísmica, haciendo aun más peligrosas esas quebradas, pasos de aluvión y laderas de cerros completamente áridos, sin vegetación alguna cuyas raíces pudieran contener de cierta forma la tierra. Por otro lado, el suelo de Lima tiene una resistencia media. Está compuesto en su mayoría por arena y tosca mezclada con piedra. Como la que se puede apreciar en la superficie de los cortes del acantilado de la Costa Verde. Lima no es Nueva York, que yace sobre una roca durísima de millones de años que además no sufre de movimientos sísmicos. El suelo de Lima no puede albergar conjuntos densos de rascacielos, nuestro suelo cedería con el tiempo. Nuestra proyección a futuro no puede pensarse de esa manera. De modo que nuestra capacidad de crecer verticalmente es limitada. Y debemos tener eso en cuenta cuando proyectamos la ciudad. Por otro lado, con el auge de la construcción y la tendencia a los edificios de departamentos de mediana y gran altura y de alta densidad y el bajo costo de la mano de obra y los materiales tradicionales de construcción –lo que supone ganancias elevadas para las compañías constructoras por m2 de superficie– , la tierra construíble – es decir, los lotes citadinos – han incrementado su precio abismalmente, principalmente en las centralidades históricas, por lo que cada vez más la clase baja se desplaza hacia la periferia. Esa periferia oriental de la que hablábamos, con cerros, quebradas, huaicos, despeñaderos y peligrosos temblores, a donde es mucho más costoso y difícil llevar instalaciones sanitarias como conexiones de agua potable y desagüe y aun hospitales, no sólo por su complejidad territorial y la densidad, proximidad (por el aprovechamiento malicioso del suelo) y ,por ende, estrechas calles y por la precariedad de las auto-construcciones de dichas zonas, sino porque sus extensiones urbanas son las más grandes y densas del país. Así por ejemplo tenemos a San Juan de Lurigancho como el distrito más poblado del Perú siendo uno de los más jóvenes. O el caso de San Juan de Miraflores. El barrio de El Agustino. El cerro San Cristobal en el Rimac, el Nuevo Perú en Ventanilla. Estas poblaciones pobres y marginadas, no tienen acceso a profesionales del urbanismo, del diseño arquitectónico y de la construcción para proyectar sus casas y construirlas como se debe. La mayoría lo hace por su experiencia personal trabajando como obreros o albañiles en las obras. Y al no calcular, sobre dimensionan todo "por si acaso", lo que contribuye al exceso de peso y costo. O al contrario, dimensionan de menos para evitar costos. Algunos van comprando sus materiales de a pocos, pero una vasta cantidad de ellos también van tomando materiales de las propias obras en las que trabajan. ¿Y el terreno? El terreno es comprado a los traficantes de terrenos que se hacen de ellos por la fuerza, los cercan y tramitan certificados de posesión –tenemos una ley muy flexible en ese aspecto –, para después venderlos. Algunos pocos heredan los terrenos de sus padres y abuelos que fueron los primeros en asentarse ahí y no pagaron nada. Otros tuvieron suerte de encontrar un "terreno" vacío (léase del Estado y que no se pensaba urbanizar). Los nuevos "dueños" deben construir rápidamente para que nadie los pueda invadir y arrebatarles el derecho a la posesión. Es la ley del lejano oeste. La del más fuerte. La del más malo. La del más vivo. Cero intervención del Estado. Pero, peor aún, dichas periferias crecen a una velocidad vertiginosa de manera desordenada y peligrosa. No hay proyecto de urbanización y muchas veces no puede haberlo porque las zonas que habitan son de riesgo y no pueden declararse urbanizaciones oficiales. Sin embargo los pobladores insisten en quedarse y aun reconstruir en el mismo lugar cuando son abatidos por la naturaleza, y luego exigen la instalación de servicios básicos. No entienden por qué no deben estar ahí. Y aun cuando lo llegan a comprender, no les importa; prefieren vivir así que pagando un alquiler altísimo en los distritos de la ciudad ya constituida como tal. Y aquí hay que preguntarnos, por qué vienen en largas peregrinaciones desde sus fértiles y hermosas tierras a pasar todas esas penurias aquí en Lima? Y es que no hay desarrollo en el interior. Gracias al elitismo y a la corrupción